Dejaron que se la llevaran.


Dejaron que el manantial de agua fresca y viva se secara paulatinamente. Las últimas gotas caían desde su ruidosa boca, mientras la impotencia desbordaba el lugar. Un amanecer, ya no quedaba ni rastro de lo que había sido lugar de culto para sedientos lectores.

Ya no hay surtidor de agua en la biblioteca, pero aún nos queda la legendaria chaqueta colgada del perchero que nunca nadie recogió.

El que no se conforma es porque no quiere.

Sofía Moreno

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4 comentarios

  1. Fernando

     /  octubre 24, 2012

    La echaremos de menos… aunque yo llevo 10 años trayendo la botella de agua de casa (más que nada porque tampoco me iba a poner a llenar una botella de litro y medio así por la cara…). Y la chaqueta, yo SÉ de quién es….

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  2. ¡¡¡Me muero de curiosidad por saber de quién es!!! Jajajajajaja. Siempre que voy la veo allí, tan solitaria…

    Responder
  3. Fernando

     /  octubre 25, 2012

    Ese secreto morirá conmigo… es un decir. Cuando me jubile (espero que en 2037) lo revelaré. Para entonces seguro que seguirá allí inerte y apolillada…

    Responder
  4. Iván

     /  octubre 25, 2012

    JAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJJA jubilarse se juega el tio ….

    Responder

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