Un libro, un vídeo, una canción, una tarea


Hola a tod@s. Se huele desde aquí el humo de las cabezas… Animo, que ya queda poco.

Vamos allá.

UN LIBRO. Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist. Aunque ya hemos hablado de este libro -no aquí en el blog- y vimos la película en Salinas, no dejo de recomendarlo porque me parece fabuloso. Frente a tanta historia pastel con vampiros adolescentes lánguidos y enamoradizos, Lindqvist nos ofrece una historia de terror sin concesiones, con la precisión y limpieza que caracteriza, en su prosa, a los escritores nórdicos. Es un relato de miedo con mayúsculas, moderno, oscuro y cargado de simbolismo. Al nivel de los grandes del género.

UN VÍDEO. Aquí os dejo uno de los vídeos más impactantes que he visto nunca. Todavía nos quejaremos del trabajo que tenemos… (aunque hoy día creo que hasta trabajos como este serían bienvenidos). Si tenéis valor, poneros los cascos -la música acongoja- y poner el vídeo en pantalla completa. Aquí queda.

UNA CANCIÓN. Para mí esta canción es fantástica. Reconozco que George Michael me gusta lo justo, pero esta canción siempre fue mi preferida, y reconozco que casi nadie, entonces, la conocía. Igual vosotros sabéis más de ella. Originalmente es una canción de Steve Wonder, de su disco de 1974 Fulfillingness’ First Finale. George Michael la versionó en 1990 en el disco Listen without predjuice.

Por cierto, la película del vídeo es Réquiem por los que van a morir, con Mickey Rourke, Liam Neeson y Bob Hoskins. Una estupenda película de 1987 sobre el IRA.

UNA TAREA. A la hora de comenzar el trabajo de un relato, incluso una novela, nos surge el dilema del narrador. Para nuestra historia, ¿debemos contar o no con una voz narrativa? Si es así, ¿cómo debe ser ese narrador o narradora? Ahí es donde debemos trabajar este “personaje” básico en nuestra historia. Porque no es lo mismo un narrador acrítico, observador sin más, que un narrador subjetivo, y más aún si encima es el propio protagonista. Debemos, pues, trabajar nuestro narrador. Para ello lo plantearemos como un personaje más, con una marcada intencionalidad en nuestro relato, sea para intervenir en él o no hacerlo. Es básico, al igual que el ejercicio anterior en que trabajábamos la psicología de los personajes, desarrollar la psicología del narrador como un personaje más.

Un buen ejercicio sería coger uno de nuestros textos, preferentemente narrado en tercera persona, y reescribirlo varias veces con distintos tipos de narradores, interactuando en mayor o menor medida en el relato.

Y ná más. Nos vemos.

Fernando.

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