El primer tropezón.


Mientras miraba sus pies suspendidos en el vacío, Julieta se preguntaba qué había pasado para llegar a tal punto. ¿Había sido culpa suya? Aquel lugar la atemorizaba y seguía sin comprender por qué alguien que la quería tanto le había hecho esto. Su mirada se dirigió al gran edificio de ladrillo color ocre: nunca había estado en un lugar semejante.

 

Las altas paredes la asustaban y temía quedarse sola. Sólo le tranquilizaba pensar que no era la única en esa situación. Muchos rompían a llorar sin razón aparente. Ella también tenía ganas de llorar.

¿Qué había cambiado últimamente? ¿Había desobedecido? ¿Era un castigo? Recordó a sus padres. Sus ojos se inundaron de lágrimas y su barbilla tembló débilmente. Las rejas que bordeaban la finca le hacían pensar que todo su mundo se había reducido a lo que sus ojos alcanzaban a ver.

 

-¿Por qué?- se preguntaba. Sus pies seguían colgando. Miró al suelo y temió no estar haciendo lo correcto. Lo pensó dos veces: -no pasa nada, otros ya lo han hecho primero-. Julieta cerró los ojos y tomó impulso.

Una vez en el suelo, miró hacia arriba: -quizás no sea tan malo,-pensó mientras se limpiaba las manos contra el uniforme- me gusta el tobogán-. 

 

 

Cinturón de asteroides.

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