Buscando en el baúl de los recuerdos…


Pues eso, que buscando entre las mil carpetas que guardamos todos en los ordenadores, me encontré con esto.

Es de 2005 y lo firma un tal PABLO DUARTE FLÓREZ (¿os suena?)

Y como estáis tan liados estudiando y no tenéis un minuto para el blog -que sé que os resarciréis cuando respiréis un poco-, aquí lo dejo, junto con un vídeo de los alquímicos que me encontre youtubeando.

UN DÍA EN EL BOSQUE

Pablo Duarte Flórez

Mi historia comienza en un pequeño y tranquilo pueblo de Asturias y su protagonista es Juan, un niño normal de 11 años, de mediana estatura y un poquito flaco. Su cabello es rizado y negro y sus ojos azules como el mar.

 Antes de quedarse ciego era un niño muy feliz, jugaba mucho con sus amigos y era muy estudioso; pero una repentina ceguera le apartó de la sociedad. Sus amigos ya no jugaban casi nada con él, no lo pasaba tan bien como antes y la mayor parte del tiempo estaba encerrado en casa.

 Juan se estaba esforzando mucho en aprender el braille, el idioma de los ciegos, y se pasaba casi todo el día en su habitación con su madre que era la que más le ayudaba. Antes, su mejor amigo Luis iba a jugar a su casa casi todos los días y jugaban mucho a la video consola, pero ahora apenas le veía. También jugaba en un equipo de fútbol y leía mucho. Todo eso se había acabado para él.

 A sus padres les gustaría que Juan tocara el piano, así que un día fueron a preguntar para apuntarle a las clases, pero a todos los sitios que iban siempre les decían:

– Lo siento, no puede.

Y siempre se iban decepcionados a casa.

 Un día les dieron una nota en la escuela explicando que iban a realizar una excursión a un bosque. Juan se puso muy contento, aunque no pudiera ver el paisaje, pero disfrutaría de la compañía de sus amigos y lo pasaría bien.

La profesora le dijo a Luis que fuera de compañero de Juan y que lo llevara siempre agarrado de la mano para que no se perdiera. Se montaron en el autobús y se fueron al bosque.

 Llegaron en media hora y se dispusieron a caminar.

Hacía un día precioso, soleado y con una temperatura que invitaba a pasear por el bosque.

 Juan y Luis caminaban tranquilamente cuando de repente oyeron a un compañero gritar:

–      ¡¡Eh!!, ¡venid todos aquí, mirad lo que he encontrado!

 Todos fueron allí corriendo, incluido Luis, que dejó descuidado a Juan. Todos estaban muy entretenidos mirando y nadie se dio cuenta de que Juan seguía caminando. Se adentró en el bosque, sin darse cuenta de que estaba solo, hasta que le dijo algo a Luis y este no le contestó. En ese momento Juan se dio cuenta de lo que pasaba, llevaba más de media hora caminando y se había perdido.

 Juan se estaba empezando a preocupar, no veía y no sabía cómo volver, hasta que oyó algo: parecían los ladridos de un perro, ¡era un perro!

El perro se acercó hasta tocar a Juan, este le acarició y el perro tiró de él como si quisiera que le siguiera.

Juan se agarró a él y comenzó a caminar. Caminaron un buen rato hasta que oyó las voces de sus amigos y de su profesora. Una vez con ellos el perro se fue y Juan y sus compañeros volvieron al colegio.

 Esta experiencia sirvió a sus compañeros para que recapacitaran y tuvieran a Juan más en cuenta.

Volvieron a jugar con él, hablar con él, incluso se animaron a aprender algunas palabras en braille.

 La excursión había servido a Juan para poder llevar una vida casi normal y casi igual de divertida que antes de quedarse ciego. A esto contribuyó mucho el nuevo miembro de la familia, “Coli”, su perro guía que se convirtió en su mejor amigo y la mascota de toda la familia.

FIN

Una historia sencillina, muy guapa contada y con mucho de espíritu infantil -¿qué tenías cuando lo escribiste Pablo? ¿11 o 12 años?

A ver si te animas a dejarnos algo nuevo por aquí.  Por cierto, iré metiendo alguno más actual que tengo de las cosas que me enviasteis a lo largo de este año.

Y ahora el vídeo.

Na, chicos, que os sea leve.

Os espero tras la barra de este bar…

Fernando

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2 comentarios

  1. Sofi

     /  diciembre 6, 2011

    Alaaa, ¡pero si de este me acuerdo yo! Jajajajaja. Lo había escrito para un concurso de relatos sobre la discapacidad…
    ¡Qué buenos recuerdos! 😀

    Responder
  2. Pablo

     /  diciembre 7, 2011

    Cuánto tiempo hace… Jajaja estaba en 6º cuando lo hice, así que tenia 11 o 12 años sí… qué recuerdos más buenos 🙂
    A ver si algún día encuentro tiempo para escribir algo por aquí jeje

    Responder

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