La leyenda de la piedra verde esmeralda.


Hoy encontré en uno de los tablones de mi tuenti, la “leyenda de la piedra verde esmeralda”, que escribí para una de nuestras sesiones del año pasado, a finales de octubre, más o menos.

¡Espero que os guste!

 

 

Se dice que en los barrios de la parte antigua de la ciudad de León, hace muchos años se inició un juego en cadena que se transmitió al mundo entero.

Estaban unos niños jugando en el Barrio Húmedo una tarde invernal. Apretados unos contra otros para darse calor, mientras la helada caía sobre los tejados y sus pálidas caras, unas velas espantaban las tinieblas en el interior del círculo de niños.
Poco a poco fueron llamados por sus madres, hasta que solo quedó Agustín, y la última vela se apagó. Asustado por la presencia de la oscuridad, apretó las piernas contra su pecho y se encogió en el suelo al borde del llanto.
Apareció entonces por allí un hombre alto entrado en años que se acercó a él muy despacio. El pequeño Agustín gimió de miedo, pero el desconocido encendió el candelabro que tenía en su mano para poder ver mejor.
-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿No deberías estar en tu casa?-le preguntó.
Agustín no dijo palabra, pues seguía el consejo de su madre y no hablaba con quien no fuera conocido.
-Te propongo un juego- dijo el hombre tendiéndole una brillante piedra color esmeralda. Ésta relucía a la luz del farol y el niño, atraído por su color, la cogió de su mano.- Hay una palabra prohibida, la palabra “sí”. Si oyes que alguien la dice, le tendrás que dar la piedra, y éste se la dará al próximo que diga esa palabra en su presencia.
Agustín tomó la piedra entre sus huesudos dedos y la contempló maravillado, como si en ella hubiese alguna fuerza o poder de atracción.
-Pero hay una cosa más- dijo el hombre sacando al niño de sus pensamientos.- La persona que tenga en su poder la piedra al final del día, justo a las doce de la noche, será castigado por no haber logrado pasar la piedra a nadie más.
Con estas palabras, se fue alejando a paso lento, igual que había llegado, sin dar tiempo al chiquillo a replicar o hacer alguna pregunta.

A la mañana siguiente, Agustín saltó del lecho y no soltó de su mano la piedra en todo el rato. Cuando volvió a juntarse con sus amigos y los chicos del barrio, se acercó a uno de ellos y le preguntó con picardía:
-¿Has comido pan hoy?
El crío le miró con cara extraña, pero pensando que se trataba de una broma, respondió entre risas:
-¡Claro, cómo todos los días!
Agustín, esperando escuchar un “sí” de su boca, le preguntó de nuevo.
-¡Sí, lo he comido, sí! ¡Qué extraño te encuentro!
Sacó entonces la brillante piedra y se la dio al niño explicándole las reglas. Ese día, el juego se hizo famoso en toda la zona. Cuando llegó de nuevo la noche y todos se habían resguardado en sus casas, una voz misteriosa llamó a la puerta de María, la niña que había dicho el último sí.

Pasaron los días y María no regresó a su casa. Ni ella, ni el resto de los niños que a las doce de la noche tenían la piedra en su mano.
Se dice que, a día de hoy, muchos de los niños desaparecidos en todo el mundo jugaban a este juego y que aún circula la piedra verde esmeralda.

 

 

Sofía Moreno.

Anuncios
Entrada anterior
Deja un comentario

1 comentario

  1. Fernando

     /  noviembre 16, 2011

    Lo recuerdo. Un relato prometedor. También recuerdo que te dije que tenías que desarrollarlo, porque era una historia con posibles.
    Anímate.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: